Hace unas semanas estallaba en los medios de comunicación una exclusiva que no dejaba en muy buen lugar al exconseller de Sanitat de Catalunya, Toni Comín. El programa de Ana Rosa Quintana emitía en directo los mensajes enviados entre Carles Puigdemont y Comín. La historia es conocida por todos y, en definitiva, dejaba entrever que la situación de los políticos catalanes en Bruselas había llegado a su fin. Cuestión de tiempo, según cualquier lógica elemental.
¿Cualquier lógica? No para Comín. Durante unas horas la expectación tras la exclusiva era máxima en el ámbito de la sanidad catalana. ¿Comín lanzaría un comunicado pidiendo disculpas? ¿Pediría perdón por el espectáculo realizado desde Bruselas? ¿Por perder la sede de la EMA? Nada de eso. Comín volvió a utilizar Twitter (el único lugar en el que puede seguir siendo conseller imaginario) para retar a la lógica. ¿Qué vino a decir Comín? Que todo seguía igual.
Todo sigue tan igual que esta semana ha estallado una nueva y preocupante noticia para el buen funcionamiento de la sanidad catalana. Y es que Comín sigue presidiendo a día de hoy el patronato de siete de las nueve fundaciones de investigación sanitaria que declararon tener problemas derivados de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. ¿Se dan cuenta de la manipulación a la que está jugando Comín desde Bruselas?
Todo ello altera, evidentemente, el buen funcionamiento del sistema sanitario. Y crispa a los trabajadores de forma absolutamente innecesaria. Mientras Comín siga cortocircuitando a la sanidad catalana... nada volverá a ser lo mismo.


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