Comín ha pasado de levitar por encima de los humanos a convertirse en hombre-avestruz. Lo iremos viendo: la mutación, esta vez, será más sigilosa. Empecemos por el principio. Hace unos pocos meses, a finales de septiembre, el exconseller de Salut aparecía en mítines henchido cual altavoz rabioso encargado de lanzar las proclamas más ofensivas del procés. Y todo ello con el sistema sanitario catalán patas arriba.
La proclamación de independencia (suspendida pocos segundos después) lo cambió todo. Para algunos miembros del Govern supuso días de prisión preventiva, mientras que unos pocos elegidos dieron con sus huesos en la plácida Bruselas. Desde ahí Comín siguió lanzando proclamas. Actuando como conseller de Salut, a pesar de estar cesado. Hasta que de repente, sin avisar, llegaron los famosos SMS de Puigdemont a Comín.
Todo se ha venido abajo. El teatro de Comín ya no tiene sentido. Su recién estrenada soledad hace que brillen aún más sus fracasos como conseller de Salut. Empezando por el general cabreo que tienen la mayoría de los trabajadores hasta el fracaso de la EMA pasando por las amenazas expropiadoras aplaudidas por la CUP, discusiones, polémicas, ridículos... Por favor no vuelvas, Toni.

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