miércoles, 11 de enero de 2017

Surrealismo, huelgas y psicoanálisis para 2017

2017 ha empezado a mostrar sus cartas en lo que parece será un año extraño. Un clima enrarecido se está adueñando de la sanidad catalana. Toni Comín, que aterrizó en el sillón de conseller con tanta confianza en si mismo que a ratos parecía que iba a resolver el conflicto palestino-israelí, empieza a perder fuelle. Mientras Comín parece estar volviendo, poco a poco, a la realidad, las semillas que ha sembrado durante su gestión están empezando a brotar... con consecuencias difícilmente previsibles.

El conseller de Sanidad de Catalunya, Toni Comín.


Primer síntoma de que este será un año extraño: las CUP han pedido okupar plantas cerradas de hospitales para acabar con la saturación de urgencias. Debe haber sido un duro golpe para Comín. El conseller, que siempre ha hecho gala de ser el más progresista del Govern, debe haber vivido las declaraciones cupaires como una puñalada por la espalda. Seguramente no esperaba semejante traición de parte de sus hermanos ideológicos.

Segundo síntoma. Como consecuencia de las declaraciones cupaires, Comín se ha visto obligado a atacar al partido asambleario, algo inimaginable hasta hace unos días. Concretamente, ha venido a decir que no tienen "ni idea" de lo que hablan. Y razón no le falta, aunque imaginamos el trauma que toda la situación debe haber generado al conseller. "Puede que haya partidos que no tengan capacidad técnica para analizar la situación con rigor", se ha atrevido a decir.

Toni Comín, conseller.


Tercer y último síntoma. Comín, el conseller progresista, el conseller que iba a traer la paz a la sanidad catalana, se enfrentará a su primera huelga sanitaria. El comité de empresa del Hospital de Terrassa así lo ha anunciado para los días 23 y 27 de enero. El motivo es el plan de viabilidad presentado por la conselleria y que supondría un recorte en los derechos laborales de los trabajadores del centro.

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