viernes, 20 de enero de 2017

El cortijo del conseller Comín

La sanidad catalana ha sufrido en los últimos años, y mucho. Los tijeretazos propinados por los gobiernos de Artur Mas bajo la batuta del conseller Boi Ruiz fueron, en muchas ocasiones, despiadados. La situación ha llegado a ser tan grave que a finales de 2015 los niveles de inversión bajaron a cotas de 2006... casi una década perdida.

Efectivamente, nos encontramos ante una nueva realidad en la que, a diferencia de otras épocas, no sobra ni un euro. La eficiencia ha llegado para quedarse y de ahí que se hayan aplicado nuevas políticas que ayudan a cuadrar cuentas y seguir prestando un servicio excelente --a pesar de todo, seguimos siendo un referente mundial--... todo ello sin perder el carácter público y universal del servicio.


El conseller de Salut, Toni Comín.

En este nuevo contexto, es preocupante la llegada de un político como el conseller de sanidad Antoni Comín. Lo último que necesita el sistema sanitario catalán es un gestor que actúe como un nuevo rico, dispuesto a expropiar hospitales, complaciendo los designios de las CUP, gobernando a golpe de ideología... sin prestar atención a los números.

Insistimos: lo importante es que los pacientes sean atendidos en un sistema de calidad y universal. En lugar de amenazar la integridad del sistema, Comín debería centrarse en los problemas operativos que atenazan a la sanidad pública como son las listas de espera. Es incomprensible que la consellería recortase la partida destinada a reducir las listas mientras amenaza con expropiar hospitales por  motivaciones puramente ideológicas y tácticas (la dependencia del Govern de la CUP). Aunque lo parezca, la sanidad no es el cortijo del conseller. Es de todos.



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