El conseller catalán de salut, Toni Comín, ha perdido nuevamente el
norte. Si hace unos meses hizo el ridículo al amenazar con expropiar el
Hospital General de Catalunya con promesas de compra que nunca llegaron a
concretarse, recientemente ha vuelto a la carga prometiendo una ley que bloquearía el acceso de las empresas privadas al sistema público de salud. Ya saben: el típico
populismo vacío de propuestas que recurre a la política-espectáculo para
mantener vivo al electorado fiel.
Pues bien, la nueva acometida de Comín ha quedado nuevamente
en nada. Según ha publicado Redacción
Médica, el conseller ha reconocido a sindicatos que en esta legislatura
será imposible que se apruebe la norma. Todo resulta aún más patético si
recordamos que el propio político calificaba la ley de "trascendente"
para el sistema sanitario.
¿De qué sirve, entonces, anunciar algo que no se va a poder
hacer? Como decíamos, hay que mantener despierto al electorado. La realidad es
que la ley, de aprobarse, hubiese supuesto un nuevo y duro golpe para el
sistema sanitario. Catalunya es, desde finales del siglo 19, un modelo a seguir
en todo el mundo gracias a la colaboración público-privada. Esperemos que Comín
no acabe con todo lo conseguido.

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